4.12.14

De un tirón 4x5

Te regalo un texto, una letras tiradas que intentan describir una grandilocuencia inexistente. Diría parafraseando: nada de esto fue jamás para mi, todo este tire y afloje, tire y afloje, tire y afloje, es para vos. Verdad entre frases escupidas por otros labios en madrugadas, porque seguro fueron madrugadas, porque siempre cuando se escribe es madrugada. Incluso aunque hoy sea tarde, y yo esté sentada entre tu vida, esa vida que pudiste construir dejando objetos que reclaman tu existencia. Se percibe tu aliento entre tus libros y tu ropa, y yo me encuentro ahí, en ese montón de cosas sin nombre, pero que tienen tu aroma. Me siento a los pies de la cama y te busco, como también te busco en la última pitada, o en este amontonamiento inútil de letras y cenizas. Somos un cumulo de cosas dichas, y otro tanto de verdades a medias, porque no la sabemos. No podemos pronunciar eso que nos dicen los ojos, es imposible, inquebrantable, indecible, insoportablemente cierto, y no podemos, no soportamos esa instancia de la verdad absoluta. Por eso compartimos los días, los segundos, los instantes de silencio, con una belleza digna de quien supone lo cierto en el aire, de quien entiende ese que no se puede describir ni con el arte propio de la lengua. De golpe en un instante de rutina abrumadora y cálida, tus ojos se corren del libro, y mi boca busca tu boca y nos miramos como si supiésemos que eso sobrevuela el techo. Dos sonrisas se disparan de las comisuras de los labios, ahí está. Ese saberte toda la vida conmigo. Ese saberte todas las vidas conmigo. Ese sentirte la presencia en dos pasos de distancia de la puerta. Sos vos y al fin llegaste. Entonces el calendario marca un tiempo absurdo, demencial. Esa es la mentira, es la es la mentira que decimos y repetimos sin creerlo, ese tiempo no es nuestro, ese tiempo es una formalidad normativa de los cuentos ficticios de la humanidad. Ese tiempo es otro, nuestro tiempo es inmenso, incalculable. Nuestro tiempo empezó tanto ante que este imberbe sonido repetitivo del segundero del reloj. Vos los sabés tanto como yo, y sabemos que lo supimos siempre. Pero la formalidad del tiránico instante, del contador de días, meses, horas, años, nos cae como un hacha en la nuca, y algo de ese engaño nos permite la consciencia de los días, nos permite tener una firmeza de que esto existe, mucho más allá de cuando existió en nosotras antes de su propia existencia. No importa si es amor, o intento de esquizofrenia controlada, importa que nos permite esa explosión de sonrisa en la comisura de los labios, y el saber que ahora ese saber inconsciente lo podemos palpar en los poros. Quizás por eso estas letras y este regalo sinsentido de regalar, quizás por eso te escribo. Porque soy yo, y estoy acá, y sos vos y al te encuentro ahí. Terminamos acá con una lógica dilapidaria del devenir exacto e incierto que nos corresponde.

1 comentario:

Julieta Arias dijo...

Hace tanto no te leía, me acabo de dar cuenta que te extrañaba.