4.11.10

Des-trabando

Tres años de mi vida vienen siendo redactados diaria y literalmente. Sin excepción alguna, todos los días desde que alguna noche de meditación y decisiones, se me ocurrió hacer de la escritura un oficio. De ahí en más, fui acumulando papeles y archivos, todos los días, de noche, de día, en el colectivo, al menos una linea definió que ese día no había pasado desapercibido. Aprendí a escribir con inspiración y con fiaca. Aprendí a crear ideas, armarlas, digerirlas, re-escribirlas y hasta tirarlas. Aprendí que una palabra, en determinados casos le gana a una página y también que hay cosas que las palabras jamás, pero jamás podrán terminar de expresar. También entendí que eso es un suerte. No paré ni por enfermedad, ni por cansancio, ni por borrachera o romance. Al contrario cada cosa era una nueva razón para escribir.

Y de golpe te vas y a mi la escritura se me pone de luto y por alguna razón se toma una semana de franco.

Te fuiste, así, como si no importara, sin aviso, sin remplazo, sin augurio, sin mensaje subliminal, sin cáncer que avise, sin tumor que se agrande, sin suavidad, sin alivio. Sin último discurso, sin última plaza llena.

Como-quien-no-quiere-la-cosa.
Un día acá, otro día... ¿allá?

Me dejaste. Nos dejaste. Te dejaste. La dejaste. Ahí como un nudo en la garganta, pasaste a la “in-mortalidad”, dicen. Cómo si ahora fueses algo más vivo que un muerto cualquiera. Y sabés, a mi me cuesta la parafernalia que conlleva la muerte, porque tengo demasiadas ideas contrarias a dios y a su cielo de cartulina con alitas y angelitos y buenas-intenciones. Pero, otra parte de mi, en esa enormidad de plaza con borbotones de lágrimas y adióses largos, algo en mi prefirió mirar al cielo antes que a tu cajón cerrado. Una parte de mi se consuela con que andes con el pocho, con eva y los pibes desaparecidos. Esa parte de mi, me genera un odio espantoso, porque necesita un algo-más para entender que así-no-más cerraste los ojos y pasaste a la in-existencia típica de los cadáveres que tanto bailan en las pancartas de las plazas llenas. Ahí vas, más que para ángel, diría que para bandera.

Quisiera decir que tengo un dolor agonizante en el pecho, una fuerza nueva para andar militando en tu nombre. Pero los extremos me ponen tan de mal humor, que puedo decirte que ando con un dolor des-memorado, que cada tanto pasa algo y se acuerda de que no vas a volver al palco para hablarnos, que ya no vas a estar para que me enoje con algún discurso, ni para que me emocione con tus dedos en V. Ahí el dolor aprieta un par de emociones, otros recuerdos, unas cuantas realidades y llora con los ojos rojos. Será que todavía no cae, por eso se pasa la mayor parte del tiempo con bronca porque mirá que boludo, venirse a morir ahora. Con respecto a militar en tu nombre, explicame cómo y por qué. Porque algo en lo que ando segura es de que nadie te creyó y ahora me aterra creerte de-más. No podés haberte muerto, che, en serio. Mirá el carancho de emociones que me enredaste en la cabeza. No es justo tener que tenerte como mártir. Ya tenemos tantos...

Vos habrás visto la marcha, vos habrás visto a los compañeros, vos habrás visto la tristeza.
Decime, ¿cómo arrancamos de nuevo?
Para terminar en una fosa con los buitres cerca y el cajón cerrado.

Sabés qué duele más de todo, la simple tristeza de saber, con todas mi fuerza, que vos nunca vas a saber todo esto.

Acá, dónde-sea-que-sea este acá, se te extraña y se te llora, paulatina y dolorosamente.
Ahora dejame en paz, para volver a escribir todos los días un poco.


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