Quizás es que acababa de recordar quien era y en donde estaba. Entonces el fantasma volvió a acelerarse, la miró a los ojos, le impacto el rostro, le quitó el aire. Todo era claro ahora, no había vuelta atrás.
Miró a la gente, esa gente sin cara, sin sonrisa, se percató de que les faltaba el alma, la gracia, tenían la mirada ausente, se perdían entre la oscuridad y la luz tenue. Se movían, parecían estar con breves periodos de epilepsia, pero no tenías ritmo, eran masas amorfas en las tinieblas. Se asusto y posó la mirada en el piso, Miles de restos, de desperdicios, de desechos anti higiénicos le comían los pies, le llegaban a los talones y la ensuciaban, la lastimaban.
Se levantó veloz y corrió hacia la puera, escapando de esos seres extraños, esos intentos de ser humano, monstruosos. De esa oscuridad, de esa nulidad inmensa.
La calle era larga y gris, el ruido se detuvo, la gente era escasa y semejaba a lo que ella consideraba como personas. El viento frío le corto el cuerpo. Aquel fantasma la miró nuevamente y su mirada se convirtió en arena blanca y tibia. Todo había vuelto a la normalidad.
